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Que el vapor no te descubra [Privado]

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Que el vapor no te descubra [Privado]

Mensaje por Fujitaka Akane el Jue Nov 26, 2015 3:13 am

¡Cuánto comodidad tenía en su casa! Aunque si bien era cierto que la aldea donde vivía era el típico y constante campo de batalla, ella estaba cómoda y con la suerte que tenía, siempre salía bien parada. Pero, cuando todo es tan rutinario, llega a cansar. Fujitaka no era la excepción a ello y con un mero bolso con lo necesario para ello, salió dejando su casa de lado por una buena temporada ¿cuánto sería? Ni ella misma lo sabía, sólo sabía que iba a tardar en volver, así que también, había llevado un poco de dinero extra para los percances que pudieran ocurrir en el camino.

Algún día, debería terminar su entrenamiento ninja para ser una buena doctora, por ahora, aún seguía vacilante sobre ello. Era torpe y descuidada, pero tenía buenas intenciones y un ímpetu digno de un buen animador en una fiesta. Pero, le faltaba un buen empujón para terminar de entrar a la academia ¿por qué? Ni ella misma estaba segura de cuáles eran las razones, lo cierto es que estaban ahí aunque ella no las supiera.

Pero dejando de lado eso, tomó su bolso y salió a abrirse camino por el mundo. Llevaba tres días de viaje, quizás, un poco más, tampoco era una persona que llevara la cuenta o estuviera al pendiente de todo. Sólo seguía su rumbo como si nada porque era importante romper con la rutina.

Más, a medio tarde del quinto o sexto día, ansiaba llegar a la civilización ya. Le gustaba la vegetación pero extrañaba el murmullo de la gente o la lluvia ¡y el clima allí era seco! Demasiado seco. Quizás, hubiese sido mejor ir por otro camino, uno que la dejara más a gusto. Pero ya era demasiado tarde para retroceder.

¡Pero su suerte podía mejorar todavía! Vio el tejado de lo que podía ser una posada, por lo que sin detenerse si quiera a tomar aire, la muchacha echó a correr hasta llegar allí y darse con que además, contaba con aguas termales ¡bingo! Su suerte mejoraba. Así, entró sin mucho protocolo, con los ánimos nuevamente altivos.

—Debo estar cerca de la aldea ya— se dijo para sí misma mientras dejaba sus cosas en uno de los casilleros del lugar y tomaba unas toallas para cubrir su cuerpo desnudo. No había nadie, por lo menos, no había visto a nadie en la entrada y tampoco observaba otros casilleros ocupados ¿tan solitario era el lugar? Mejor si podía tener las termas para ella sola. Sin embargo, tenía un problema a la hora de saber hacia dónde dirigirse: había dos puertas ¡y ninguna estaba señalada! Tampoco había escuchado al dueño cuando le indicó —si es que lo hizo— cuál era la división de damas.

Después de una larga meditación —que duró unos minutos— decidió hacerlo a la suerte del tim marin de do pingüé ¡y fue la de la izquierda que ganó! Saliendo hacia afuera sintiendo el vapor que pegaba en su cuerpo y hacia la vista mucho más reducida, pero aun así, agradable.

Estaba sola, tal y como lo había imaginado, así que se introdujo en el agua caliente y soltó una exhalación de gusto. Había recogido su cabello para no mojarlo y había recostado su espalda sobre la pared de las aguas, cuando una voz la hizo sobresaltarse ¡era un hombre! Ni si quiera había prestado atención a lo que había dicho, sólo pensó que quizás, la suerte no la acompañaba tanto como ella pensaba.

¿Qué hacía, qué hacía? Miró a los lados, no tenía mucho lugar para esconderse y si salía, se toparían.

—Bien, Akane, es hora de ver cuánto resistes— se animó inhalando todo el aire del que sus pulmones eran capaces de aceptar, se tapó la nariz y se sumergió de golpe en el agua pensando que no la habían visto. Aun así, no iba a aguantar mucho tiempo allí abajo.
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